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Adios a Jorge Di Pascuale

Di Pascuale nació el 28 de diciembre de 1930 y el mismo día pero de 1976 lo secuestraron.


Los restos de Di Pascuale

El dirigente sindical Jorge Di Pascuale será enterrado el martes en el Cementerio de Chacarita, luego de que fueran identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Di Pasquale será velado el lunes 28 de diciembre a partir de las 15 en la sede del Sindicato de Farmacia, en Rincón 1044, según informó el Archivo Nacional de la Memoria. Sus restos serán inhumados el martes a las 11. Di Pascuale era secretario general del Sindicato de Empleados de Farmacia, fue secretario de prensa de las 62 Organizaciones Peronistas en 1959, fue uno de los delegados del ex presidente Juan Domingo Perón mientras estaba exiliado, y formó parte de la junta coordinadora de la CGT de los Argentinos en 1968. Lo secuestraron de su casa en la madrugada del 29 de diciembre de 1976. Ese día cumplía 46 años. Por testimonios de sobrevivientes, se pudo saber que estuvo detenido en el centro clandestino de detención Proto Banco junto al gremialista Juan Carlos Arroyo y luego en El Vesubio. El EAAF identificó los restos de Di Pascuale en el cementerio de Avellaneda.

Miradas
El adiós a Jorge Di Pascuale
Fue el más antiperonista de los peronistas de alma. Honesto política e intelectualmente, amplio y solidario. A 33 años de su secuestro, hoy será velado.


Lo vi una madrugada en Córdoba y Azcuénaga. Su auto estaba detenido en un semáforo y él se inclinó a buscar algo en la guantera. El semáforo le dio paso y me quedé con el saludo atragantado. Había regresado de Venezuela, de un brevísimo e insoportable exilio.

Antes de partir había pasado por la redacción de El Cronista para despedirse. Estaba con el Manco Franco, un militante del Peronismo de Base al que una bomba le había volado la mano y cantaba “qué difícil es vivir entero”. Se iban juntos. El Manco hizo bromas. Él también, pero me advirtió: “A lo mejor me ves de vuelta pronto. No creo que pueda estar mucho tiempo fuera”. Era una decisión tomada a contrapelo de lo que sentía, con tanta mala gana que autocumplió la profecía, regresó y lo secuestraron el 29 de diciembre de 1976, un día después de cumplir 46 años.

La de aquella madrugada en Córdoba y Azuénaga es la última imagen que tengo de Jorge Di Pascuale, el ex secretario general de la Asociación de Empleados de Farmacia, un peronista genético y por eso mismo autorizado a ser ferozmente autocrítico e implacable con la figura del conductor. El más antiperonista de los peronistas de alma.

Había empezado a militar en la adolescencia y participó en el origen de las 62 Organizaciones, en la Resistencia y en la CGT de los Argentinos; había sido delegado de Juan Perón para las relaciones con el mundo socialista. Pero por sobre su enorme honestidad intelectual y política, Jorge Di Pascuale era un hombre amplio y de solidaridades. Su sindicato, un edificio modesto en el que siempre se lo encontraba flanqueado por su segundo, Alfredo Ferrarese, o discutiendo con Horacio Carballeda, su amigo de la agrupación Lealtad y Soberanía, era la isla que, además de recibir a los exiliados uruguayos y chilenos y albergar a las coordinadoras que luchaban por la libertad de los presos, nos daba cuartel a nosotros, una agrupación de periodistas de izquierda que llevaba el nombre de Emilio Jáuregui, un dirigente de prensa, un clasista asesinado por la dictadura de Onganía durante una manifestación callejera.

Jorge �y sería injusto ollvidar a “Ferra”� nos permitió a los que en 19773 no hacíamos campaña por Perón dictar allí un curso sobre la otra historia de la clase obrera argentina contada por sus protagonistas. Estuvieron Elías Castelnuovo, fundador del grupo Boedo, director de La Protesta y del periódico de la Unión Sindical Argentina, una vertiente de la FORA del IX Congreso (sindicalista) ; Mateo Fosa, marxista, secretario del gremio de la madera en 1917 y protagonista de la huelga general de 36. El último fue Pedro Milesi, orador en el Grito de Alcorta, dirigente en los 30 del Sindicato de Obreros Municipales, anarquista, comunista, próximo a Agustín Tosco y presidente honorario del congreso del Sitrac-Sitram.

Esa tarde, recostado en una silla, Osvaldo “el Gordo” Soriano �que no estaba en nuestra agrupaciión pero amaba esos relatos� se deleitaba escuchando al Viejo PPedro explicar con sencillez deslumbrante a un auditorio obrero en qué consistía el materialismo dialéctico. Jorge había entrado y se había sentado en un banco, al fondo del salón. De pronto, Milesi, que empezaba a describir con minucia la jornada del 17 de octubre, señaló el cuadro de Perón que colgaba a sus espaldas y se preguntó “¿en qué y cuánto nos habíamos equivocado nosotros para que un coronel populista encarnara las esperanzas del proletariado argentino?”. Miré a Jorge de reojo. Tenía la cabeza baja y lagrimeaba, emocionado por el relato del viejo luchador. Luego se acercó a Pedro, le tomó las manos y le dijo: “Es un honor tenerlo acá, compañero. Las puertas de este sindicato siempre estarán abiertas para usted”.

Di Pascuale fue el único dirigente gremial peronista que asistió al congreso del Sitrac, el único que defendió infructuosamente la participación de la izquierda en el secretariado de la CGT de los Argentinos, el único que mientras todos sus compañeros festejaban el triunfo justicialista de marzo de 1973, angustiado, visionario, parado en la puerta de la pequeña cocina del local, nos preparó: “Es trágico lo que viene”.

Jorge era ciudadano del poco visitado país de la fraternidad. Tras su captura, fue torturado con saña pero mantuvo un comportamiento ejemplar. Su cuerpo fue identificado hace unas semanas por los antropólogos forenses. Aquella agrupación de periodistas que protegió fue diezmada.

Si estuvieran los que no están, irían hoy, con los pocos privilegiados que quedamos vivos, a velarlo �tardíamente� a la sede de Rincócón 1044, su/nuestro sindicato, y decirle lo que, retomando la antigua tradición de la izquierda, la de los Fosa, los Castelnuovo, los Milesi, solía decirse en esos años de los que hablo: “Salud, camarada”.

Fuente: www.criticadigital.com.ar



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La dignidad compañera de Jorge Di Pascuale

Por Carlos Aznárez

Cuando vinieron a decirnos que también a Jorge se lo habían llevado, sentimos, en medio del extraño y demoledor silencio de aquel diciembre furioso, que nos quedábamos un poco más solos. No era para menos, Jorge era más que un referente para justificar ese camino que habíamos transitado desde que nos dimos cuenta que al gritar “Perón o Muerte” estábamos diciendo que se mueran todos los que explotaron a nuestra gente, o simplemente: “Patria o Colonia” y “abajo el imperialismo”.
Como una ráfaga de viento helado, los recuerdos se agolparon en nuestro cuerpo. Aquéllas jornadas memorables de la Resistencia, donde los héroes anónimos sembraban de coraje el territorio, y entre tantos, allí estaba él, nuestro compañero del alma, Jorgito Di Pascuale, trasmitiendo serenidad, y plantando su rebeldía y coherencia en cada acto de confrontación con nuestros enemigos de clase.
Revivimos esos tiempos de coherencia sindical, donde Huerta Grande y La Falda mostraban que el sindicalismo escribía con mayúsculas sus programas estratégicos para ir construyendo desde abajo algo que tiempo después identificamos como poder popular, socialismo, y sobre todo, soberanía, independencia y justicia social.
Después vimos con asombro y entusiasmo, el desarrollo de una alternativa concreta para sacudirnos de encima la burocracia nefasta que tanto mal le había generado a un movimiento que nació y se desarrolló desde abajo y combatiendo. Allí, en aquellos días de la CGT de los Argentinos, volvió a agrandarse la figura de Jorge y todos sus compañeros del glorioso Sindicato de Farmacia, en cuyo histórico y aún extraordinariamente activo local de la calle Rincón, la mayoría de los que nos zambullimos en la militancia sesentista tuvimos una segunda casa para forjar nuestra conciencia política.
Quienes seguimos convocando la memoria fértil, recordamos aquel plenario constititutivo de la CGTA que se prolongó hasta altas horas de la madrugada y en el que Raimundo Ongaro proclamaba con inevitables aires de victoria que “es preferible la honra sin sindicatos que tener sindicatos sin honra”. En esa consigna que después hizo época, estaba resumida y marcada a fuego para las generaciones venideras la trayectoria revolucionaria de compañeros como Jorge, como Sebastián Borro, Andrés Framini, Atilio Lopez, Armando Cabo Agustín Tosco, René Salamanca, Piccinini y tantos compañeros de marcadas rebeldías gremiales.

Di Pascuale significó mucho a la hora de poner las cosas en claro, sin titubeos ni especulaciones sectarias u oportunistas. Jamás, como todos sus compañeros de Farmacia, retacearon la adhesión solidaria con lo que optaron por los métodos más radicalizados de lucha. Todas las organizaciones combatientes, desde las FAP y los Montoneros hasta el ERP, fueron defendidos sin sectarismos ni dobleces. Y qué decir del apoyo otorgado a los eran encarcelados, torturados o asesinados. En esos días, en que muchos que hoy se jactan de haber estado donde nadie los vio, brillaba muy alto la estrella peleona y consecuente de Jorge, haciendo de la dificultad o el traspié, una nueva fórmula para seguir golpeando a los enemigos del pueblo.

Ponderado por Perón por su lealtad y coherencia, a diferencia de tantos gremialistas corruptos y traidores, Di Pascuale no tuvo nunca dudas de qué lado de la vereda del peronismo había que situarse si uno quería ser consecuente con las banderas revolucionarias proclamadas por Evita. Con ese espíritu indoblegable enfrentó a los fascistas que se encaramaron en el Movimiento Nacional, marcó a fuego a los maniobreros y desleales, y se puso a la cabeza de quienes, con valentía, enfrentaron la violencia siniestra de la Triple A dirigida por Isabel Martínez y López Rega. Con esa misma combatividad, el golpe militar del 76, lo encontró bien plantado para gritarle a los milicos que, como siempre, no les iba a dar tregua.
Así llegó ese aciago día de diciembre del 76 en que lo fueron a buscar para intentar desaparecerlo de nuestras vidas. Ni aplicando todo el terror del que fueron capaces, lo lograron. Incluso en los sótanos de los campos de exterminio, Jorge siguió dando testimonio de resistencia, y cuando sus asesinos creyeron que lo estaban aniquilando, no se dieron cuenta que el pueblo ya lo habia sumado a sus banderas.
Ahora, querido compañero Di Pascuale, cuando pleno de triunfo y reconocimiento pises nuevamente la sede de tu viejo sindicato, para saludarte con tantas y tantos hermanos de militancia, con aquellos que renunciaron a las prebendas del poder pero no a la lucha y jamás vendieron la memoria, seguramente nos encontrarás a todos un poco más veteranos, con cabelleras blancas y menos paciencia de la necesaria. Sin embargo, verás que como ayer, que muchos aún persisten en la idea de seguir tomando los cielos por asalto, como vos, con tu ejemplo, nos enseñaste.
Ahora sí, podrás descansar, o al menos intentarlo, convencido de que en el masivo “Hasta la Victoria, Siempre” que te brindaremos, estarán resumidas todas las ansias de amor a la vida de nuestros otros 30 mil hermanos y hermanas de esa gran familia revolucionaria que a pesar de los pesares, sigue venciendo a la muerte.

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Derechos Humanos / Bajo sospecha
El pasado polémico de Senn en Esperanza
Testigos de esa ciudad santafesina cuentan sobre la militancia política y estudiantil del actual legislador / La Facultad de Agronomía y Veterinaria fue el centro de las luchas de jóvenes hoy desaparecidos / Sospechan que el dirigente “colaboraba” con los grupos de tareas.

Memorial. El ex militante del PC Mario Dos Santos, en el Rincón de la Memoria de la ciudad santafesina de Esperanza. Una evocación a los desaparecidos.
Carlos Paillet
Enviado especial a Esperanza (Santa Fe) cpaillet@lavozdelinterior.com.ar

La primera publicación en este diario del relato de un testigo que vinculó al legislador justicialista Horaldo Senn con la dictadura militar, desató una batería de mensajes que daban cuenta de historias tumultuosas de la militancia política estudiantil en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza (Fave), ciudad santafesina ubicada a 40 kilómetros al norte de la capital de esa provincia.

Coronaban esos correos nombres de jóvenes hoy desaparecidos, que desde antes del golpe de Estado de marzo de 1976 se unieron, aun en la divergencia, para pelear por su ideales desde la Juventud Peronista, el Partido Comunista, la Franja Morada o la Faudi (Federación de Agrupaciones Universitarias de Izquierda).

El "Petiso" Trípodi, el "Flaco" Danieli, el "Gordo" Mattioli, el "Turco" Trod. No decían demasiado esos nombres a la distancia y transcriptos en un frío e-mail.

Pero a poco de llegar a Esperanza �cinco horas en automóvill desde la ciudad de Córdoba� encontramos a Mario Dos Santos, eex miembro del Partido Comunista Revolucionario y uno de los protagonistas de aquellas jornadas crispadas y de discusiones y luchas callejeras por la estatización de la Fave �que pertenecía a la congregaci�ón religiosa del Verbo Divino�.

Sesentón y con una ccapacidad de relato increíble, Dos Santos hace un paréntesis en la charla de café y nos guía hasta el Parque Nacional de la Agricultura, a unas 10 cuadras del centro de Esperanza.

"Aquí es, pará", dice. Estamos frente al Rincón de la Memoria, que evoca a los desaparecidos de Esperanza durante la dictadura militar. Recién entonces aquellos nombres se hacen fatalmente familiares. Identificados con pintura negra sobre vigas de madera clavadas en el césped, allí figuran: Omar Mattioli, Daniel Trípodi, Sergio Trod, Jorge Trod, Luis Lera, "Panchi" Lera, Juan Carlos Voisard, Roque Bernal, Héctor Bertona y Flora Pasatiz, entre otros.

"Los Lera son los hermanos desaparecidos de la esposa de ‘Venchi’ Gómez", cuenta Dos Santos. Vaya coincidencia: Narciso "Venchi" Gómez será nuestro próximo entrevistado durante la visita a Esperanza y nos recibirá en su casa junto con su esposa, Mary Lera.

Pero la charla continúa en el Memorial: "Por aquellos años la ciudad tenía un ritmo pueblerino, de agricultores, pequeños comerciantes e inmigrantes. En ese contexto surge la Facultad de Agronomía y Veterinaria en el colegio San José, a partir de unos curas visionarios", cuenta Dos Santos.

La casa de estudios se trasladó luego al edificio donde hoy funciona la Fave, que para mediados de los años ´70 ya había dejado de depender de la congregación católica para formar parte de la Universidad Nacional del Litoral.

El protagonista. ¿Cómo comienza a encajar Horaldo Senn en esta historia? En esa efervescencia juvenil aparecen organizaciones como "la gloriosa Jotapé", el peronismo de base, Montoneros y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), entre otras vertientes, apunta Dos Santos.

Senn no era oriundo de Esperanza, sino de una localidad del Departamento Vera. "Él pertenecía a los sectores de la izquierda peronista y los verdaderos protagonistas de esa tragedia hoy están desaparecidos", agrega Dos Santos.

"¿Infiltrado?", sospechan algunos sobre Senn. "¿Colaborador de los grupos de tareas?", especulan otros. "El primer desaparecido acá fue Voisard y está probado que lo entregaron", relata, mesurado, el ex PC.

"Había sectores ‘pinchados’ o infiltrados y por ahí se dice que este ‘punto’ (por Senn) se movía con cierta libertad en algunos lugares en donde muchos no tenían acceso", relata el ex dirigente comunista.

Otro testigo, Realdo Gastaldi, ex compañero de estudios de Senn y también enrolado en la JP, reveló que días antes de su desaparición Bertona le comentó sobre la "posible condición de infiltrado" del hoy legislador.

De paño sindical. "Venchi" Gómez integra el secretariado del Gremio de Personal no Docente de la Universidad del Litoral. Creció en la organización sindical �dentro del peronismo� en aquellas jornadas de lu lucha para pasar a la órbita estatal de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Esperanza, de donde Senn egresó con el título de veterinario.

Aquellos muchachos inquietos llegaron a instalar en la ciudad un cine club, donde exhibían películas como Desaparecidos y la Hora de los Hornos, cuyos contenidos testimoniales generaban jugosos debates entre los estudiantes esperancinos.

"Acá los primeros alumnos eran hijos de productores agrícolas y todo transcurría en forma ordenada, en el Colegio San José, hasta que llegan los fondos de Alemania para hacer el edificio de la nueva Facultad. Ahí los muchachos entraron a cuestionar lo que les cobraban y otro montón de cosas. Así se armó una suerte de comunidad dirigida por el profesor Chaparro. Al final, al pobre Chaparro lo echaron por comunista y no tenía nada que ver", cuenta Gómez.

Cuadros y estructuras. En 1972 se había abierto una división entre los que iban a estudiar y los que iban a "hacer política". Estos últimos leían la revista Víspera, de contenido cristiano de izquierda y cultural, y Cristianismo y Revolución, además de las encíclicas papales de la época.

"En ese grupo ya estaba Horaldo Senn, que era estudiante de veterinaria", cuenta Gómez. "A la luz de los documentos del Vaticano, nos planteábamos cómo podía ser que la Iglesia, que es de los pobres, tuviera una facultad sólo para los ricos. Ahí se empieza a plantear que la facultad debía ser del Estado, lo que ocurrió en 1973", recuerda.

"Horaldo estaba con nosotros. Se dice que habría colaborado y un montón de cosas, aunque a mí no me consta. El grupo luego se partió y algunos se fueron a la JP regional, donde estaba Senn. Tenían peso. A una buena parte de esos muchachos usted les habrá visto el nombre en el Rincón de la Memoria", comenta, con razón, "Venchi" Gómez.

Se dice en Esperanza que Senn era un cuadro importante dentro de la "oficialidad" del peronismo de base y que fue "degradado por algún desliz político", rememora Gómez.

"Una vez degradado, en algún momento la represión lo ‘levantó’ y de ahí en más no sé si se quebró o ya venía quebrado", afirma el dirigente sindical.

Antes de pegar la vuelta, quisimos rastrear archivos en la Facultad, pero las autoridades de la casa nos cortaron en seco: "Nos gustaría que vengan a divulgar todo lo bueno que hace esta facultad y su permanente progreso; no que vengan a buscar polémicas", mandó a decir una autoridad de la Fave.
Una investigación en ciernes
Juicio. Horaldo Senn fue denunciado por el testigo Carlos Chiarulli durante el juicio que terminó la semana pasada con la condena del ex juez federal Víctor Brusa.

Investigación. Los dichos de Chiarulli fueron remitidos al Ministerio Público Fiscal de Santa Fe para que se abra una averiguación contra Senn y otras personas acusadas de complicidad con el terrorismo de Estado. Los dos fiscales federales de Instrucción de Santa Fe son Alejandro Gabriel Luengo y Cintia Gómez . Seguramente, el caso comenzará a ventilarse tras la feria judicial de enero para toda la Justicia Federal.
“Ya he dicho que me someto a lo que diga la Justicia”
El legislador schiarettista Horaldo Senn volvió a negar, en diálogo con este diario, vinculación alguna con la dictadura militar en Santa Fe.

"Pero, por supuesto que no ", repite Senn cada vez que se le pregunta sobre los dichos de testigos que lo vinculan con los grupos de tareas de la dictadura durante su militancia política y estudiantil en Esperanza.

El actual legislador relata que era un dirigente estudiantil y político "conocido" y que llegó a presidir el Centro de Estudiantes de Veterinaria durante tres años.

"La Comisión de la Unicameral (de Córdoba) a la cual pasó la cuestión de privilegio le ha remitido un escrito a (la Justicia de) Santa Fe para que planteen ahí lo que ellos consideren. Por supuesto que yo también me pongo a disposición de la Justicia", sostuvo Senn.

Cuando se le recrearon los dichos de testigos que lo ponen en una actuación al menos polémica durante los años de plomo, Senn contestó: "Yo era presidente del Centro de Estudiantes de Veterinaria en Esperanza entre 1972 y 1974; y es cierto que se inició un gran movimiento estudiantil por la estatización de la Facultad porque corría peligro de que se cierre. Nos acompañaron las fuerzas vivas y fuimos a Buenos Aires para presentar un petitorio, días previo a que se entregue el poder a (Héctor J. ) Cámpora", recordó.

Admitió que militaba en la Juventud Peronista y que en 1974 se "abrió una gran discusión política" sobre la conducción del peronismo tras la muerte de Juan Perón.

"Muchos dejamos de militar porque no nos sentíamos contenidos. Yo dejé de militar", apuntó.

¿Qué dice de estas denuncias de que usted entregaba militantes a la dictadura?, se le preguntó.

-Por supuesto que las rechazo. Niego rotundamente eso y desconozco en qué marco se plantearon. Yo estoy a disposición de la Justicia y cuando me llamen, me presentaré.

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