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Arg - "A mi hermana se la llevaron viva y aun no tengo respuestas", dijo Maria Magdalena Alvarez

San Luis (Pelr) 06-11-08. El final del testimonio de María Magdalena Álvarez fue casi un alegato. Palabras más, palabras menos señaló: "No estuve allí, por eso no puedo culpar a nadie. Estoy buscando la verdad para poder elaborar el duelo. Quisiera que quien o quienes fueron se hagan cargo. A mi hermana se la llevaron viva, diez años después me entregaron sus restos, tuve que reconocer su cadáver -cosa que no se lo deseo a nadie- y aun no tengo respuestas". Faltaban pocos minutos para las 13 y luego de eso terminó su declaratoria.

Ayer la hermana de Graciela Fiochetti dio a conocer detalles de su vida, la rememoró como una persona solidaria que al momento de ser secuestrada estaba sin trabajo, pero iba al hospital de La Toma a ayudar a los enfermos. "Ella iba a ayudarla a bañar a doña Justina, que estaba enferma de cáncer y también a un señor que no recuerdo el nombre que tenía tuberculosis".

También contó que Graciela "juntaba ropa, la arreglaba y la repartía entre los más necesitados".

A partir de la lectura de la revista Panorama, que Cuqui compraba, cuando Graciela iba a 6º grado, luego de ver un informe sobre la pobreza y la desnutrición en África, "empezó a soñar con estudiar medicina para curar los negritos de África". Así lo hizo, ingresó a la carrera de Medicina en Córdoba, pero debido a su enfermedad, que le impedía fijar demasiado tiempo la vista, y a la imposibilidad económica que tenía su madre para mantenerla en aquella ciudad, debió abandonar.

En su declaración, Álvarez, refiriendo a dichos de su madre, contradijo lo que Carlos Plá había manifestado en su indagatoria, sobre que él no había participado del operativo en La Toma, donde fueron detenidos varios militantes de la JP. También, por esos mismos dichos, señaló que Becerra estaba en el operativo. "Esos nombres los dijo mi madre".

Además, cuando buscaba a su hermana en dependencias policiales y militares, dijo haber visto, "a la distancia" unas hojas de cuaderno, "probablemente escrito con birome roja" que fue conocido después como El informe de La Toma, que dio origen a las detenciones. Se los habían mostrado para justificar la detención.

En su testimonio, María Magdalena Álvarez, recorrió el calvario que vivió luego de tomar conocimiento de que su hermana había sido detenida, el recorrido por las distintas dependencias policiales y militares, las entrevistas con el entonces Teniente Coronel Juan Carlos Moreno, el ex subjefe de la Policía, Capitán Carlos Esteban Plá y otro personal policial que en algunas oportunidades no pudo identificar.

Mientras Graciela y otros militantes estaban detenidos en La Toma, por comentarios de terceros, pudo saber que quienes habrían sido los torturadores, eran Víctor Becerra, de San Luis, "un tal Funes y un tal Mansilla", ambos de la policía de La Toma.

También se refirió a las circunstancias que le tocó vivir cuando fue a identificar el cadáver que estaba en la morgue, que ella reconoció como de su hermana "por la contextura del cuerpo, la ropa, los zapatos y la pintura de las uñas". Pero "Ricarte me insistía que la cara estaba irreconocible", señaló refiriéndose al policía que le tomaba la declaración, del que luego supo su nombre.

En la jefetura había alguien, que describió como una persona de contextura mediana, de cabellos castaños oscuros ondulados, que jugaba con un zapato de Graciela. El otro mocasín estaba junto al cadáver en la morgue". No pudo decir su nombre y tampoco lo reconoció entre los acusados cuando el juez Burad le preguntó si era uno de ellos.

Con relación al acta de libertad que la víctima habría firmado, dijo que ella distinguió signos anormales, ya que su madre les había enseñado que no firmaran nada que no hubieran leído y que si firmaban algo bajo presión, hicieran una marca que pudiese ser identificada después.

También refirió en su testimonio a la visita que recibió en el año 2006 de parte del periodista Carlos Ortiz, "de la revista 30 días para hacerme un reportaje" con motivo de los 30 años de la dictadura. "Va con otra persona que me dice que había visto a mi hermana, que estaba seguro de quien había dado muerte mi hermana y me ofrecía traerlo. Era el capitán Plá". Esa persona era "un señor de apellido Arce". Pero dijo que su testimonio no le parecía convincente y que no era una persona que le mereciera confianza.

"Yo no vi quienes fueron y no puedo culpar si no lo vi", dijo que le manifestó a Roberto Arce. En la sala de audiencias Arce no estuvo presente, probablemente debido a los choques que tuvo con la prensa por sus contradicciones, pero si estuvo su pareja, que pasó desapercibida para la mayoría.

Como consecuencia de los dichos de Álvarez, la querella pidió que se citara a declarar a una persona que en el año 1976 hacía el servicio militar, de apellido Baracu, oriunda de La Toma, ya que habría sido el chofer del camión donde fueron trasladados los detenidos hacia la ciudad de San Luis y a un ex comisario de apellido Mena, que se había ofrecido para aportar datos sobre lo sucedido con la joven de La Toma. El Tribunal iba a evaluar esos pedidos.

Los testimonios continuarán mañana en la audiencia que comenzará a las 9 de la mañana

Informe: Gustavo Senn
gustavosenn@gmail.com

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